IA en las aulas: ¿Revolución o experimento sin control?



Seguimos con el capítulo 20 de “Inteligencia artificial generativa para gente real. Tu brújula para usarla bien”, una serie semanal para la Cadena Ser, en «A vivir Cantabria». Hoy quiero hablaros de un tema que ya no pertenece al futuro, sino que está sentado en los pupitres de nuestros hijos y en las mesas de nuestros profesores. La inteligencia artificial ha entrado en las aulas y el debate ya no es si debe estar ahí o no, sino cómo gestionamos una realidad que, de momento, nos lleva la delantera.

A menudo tengo la sensación de que el sistema educativo va a remolque. No es una percepción subjetiva: los datos lo confirman. Un estudio internacional reciente con más de cuatro mil docentes y estudiantes revela que el 95% del profesorado y del alumnado universitario ya utiliza la IA con fines educativos. Nueve de cada diez personas. Y aunque el 81% lo valora positivamente, el problema es que el acceso a la tecnología ha ido mucho más rápido que la orientación sobre cómo usarla.

El capítulo de hoy se puede escuchar el programa aquí, a partir del minuto 19:10: https://cadenaser.com/audio/ser_cantabria_avivircantabria_20260405_130557_140000/

El uso real frente al uso ideal

¿Para qué la están usando? Principalmente para tres cosas: investigar (buscar fuentes y resumir), redactar borradores y organizar el tiempo. Son usos legítimos, pero si no hay supervisión, pueden convertirse en un atajo que anule el aprendizaje real.

Recientemente, un informe de Brookings, uno de los centros de investigación más influyentes del mundo, ha lanzado una advertencia seria tras un año de trabajo con quinientas personas en cincuenta países. Su conclusión es tajante: hoy por hoy, los riesgos de la IA en la educación superan a los beneficios. Pero ojo, no piden prohibirla, sino cambiar radicalmente las condiciones en las que se utiliza.

Los seis riesgos que debemos vigilar

Para entender por qué Brookings es tan cauteloso, debemos analizar los seis frentes críticos que identifican:

Descarga cognitiva: Si la IA hace el esfuerzo mental, el cerebro no se ejercita. El aprendizaje requiere fricción y esfuerzo, algo vital en adolescentes con cerebros en desarrollo. Es el equivalente a usar calculadora antes de saber sumar, pero a una escala masiva.

Impacto socioemocional: Añadir más dependencia tecnológica a jóvenes que ya luchan con la presión de las redes sociales puede ser perjudicial.

Brecha digital: No todos tienen acceso a las mismas herramientas de calidad, lo que agrava las desigualdades existentes.

Privacidad: Existe un descontrol real sobre cómo las herramientas de IA recopilan datos de menores.

Desinformación: La capacidad de la IA para generar contenidos falsos de forma convincente requiere un criterio que el alumno aún está construyendo.

Pérdida de pensamiento crítico: Si la respuesta llega en dos segundos, dejamos de aprender a construir argumentos propios.

Lecciones desde Los Ángeles hasta los Países Bajos

Estamos viendo experimentos en todo el mundo con resultados muy dispares. En Los Ángeles, el distrito escolar intentó lanzar un chatbot llamado ‘Ed’ como asistente personalizado; el proyecto acabó en colapso técnico, sospechas de fraude y cierre total. Un fracaso muy costoso.

Mientras tanto, en Nueva York (con sus 1,1 millones de alumnos) impera una cierta parálisis por falta de hoja de ruta, y en Florida han optado por la vía rápida implementando Microsoft Copilot a gran escala. El dilema es universal: ¿arriesgarse yendo rápido o quedarse atrás esperando?

En Europa, sin embargo, se está intentando poner orden. Este mismo mes de marzo, la Comisión Europea ha publicado cuatro guías fundamentales que cubren:

  • El uso ético de la IA y los datos en la enseñanza.
  • La lucha contra la desinformación y alfabetización digital.
  • Directrices sobre contenidos educativos digitales.
  • La enseñanza de la informática.

En España, el INTEF (Instituto Nacional de Tecnologías Educativas y de Formación del Profesorado) también está haciendo un gran trabajo publicando guías de buenas prácticas para docentes.

Soberanía digital y el caso de Latam-GPT

Un movimiento que me parece fascinante es el acuerdo entre la UNESCO y el Centro Nacional de Inteligencia Artificial de Chile. Han lanzado Latam-GPT, el primer modelo de lenguaje de código abierto desarrollado específicamente para América Latina. ¿Por qué es importante? Por soberanía digital. No podemos depender solo de herramientas diseñadas en Silicon Valley que traen sesgos y valores culturales de California. Necesitamos una IA que entienda nuestros idiomas y nuestras realidades.

El profesor como arquitecto del aprendizaje

Muchos docentes ven la IA como una amenaza al esfuerzo o una herramienta de plagio. Mi visión es distinta: el profesor debe dejar de ser un transmisor para convertirse en un arquitecto del aprendizaje.

Esto significa saber cuándo integrar la IA con un objetivo pedagógico claro. Por ejemplo, usarla para obtener explicaciones alternativas de un concepto difícil, pero no para resolver el ejercicio. Además, debemos asumir que los detectores de IA fallan y a menudo acusan a alumnos inocentes. La solución es cambiar la evaluación: que el proceso importe tanto como el resultado y que los alumnos tengan que defender sus ideas en voz alta.

Un modelo a seguir es el de los Países Bajos, donde han creado centros de codiseño donde tecnólogos y docentes trabajan juntos para probar las herramientas antes de que lleguen de forma masiva a las aulas.

El papel de las familias

No quiero olvidarme de los padres y madres. Las familias son el agente clave y, sin embargo, están muy poco informadas. No se trata de prohibir el móvil, sino de acompañar y conversar en casa sobre cómo usar estas herramientas con criterio. La IA puede ser un tutor extraordinario o una muleta que atrofie el pensamiento; la diferencia está en quién lleva el volante.

En conclusión, estamos ante una revolución y un caos a partes iguales. Los alumnos que hoy tienen quince años vivirán en un mundo gobernado por la IA. Si no les enseñamos a usarla con sentido crítico, no los estamos preparando para la vida. La educación siempre se ha adaptado (a la imprenta, a la calculadora, a internet), pero esta vez el cambio es más profundo y veloz.

Menos miedo y más criterio. El reto no es que la tecnología avance, sino que nosotros no nos quedemos quietos.

Para profundizar más, aquí os dejo los recursos y estudios que he mencionado:


¡Hasta la semana que viene!


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