¿Nos quitará la IA el trabajo?


¿Somos buenos detectando IA?

Seguimos con el capítulo 7 de “Inteligencia artificial generativa para gente real. Tu brújula para usarla bien”, una serie semanal para la Cadena Ser, en «A vivir Cantabria», junto a Conchi Castañeda. En este séptimo capítulo analizamos la incidencia en el mercado laboral de la IA. Se puede escuchar el programa aquí, a partir del minuto 17:48: https://cadenaser.com/audio/ser_cantabria_avivircantabria_20251214_130452_140000/

Si sabes algo de IA, sabrás que escribe, dibuja, hace música, programa… Cada vez hace más cosas y cada vez mejor. Y la pregunta que surge es inevitable: ¿Nos va a quitar la IA el puesto de trabajo?

Pues mira, la respuesta corta, tras revisar informes de organismos como la OCDE, la Organización Internacional del Trabajo y el Fondo Monetario Internacional, además de estudios de universidades y entidades privadas, es: depende de cómo la utilicemos y del tipo de trabajo. La respuesta larga la desgranamos aquí.

La IA entra «pieza a pieza», como un puzle al revés

Todos coincidimos en una idea crucial que necesitamos entender: la IA no suele llegar y llevarse nuestro empleo entero de golpe. Entra “pieza a pieza”, tarea a tarea.

No tiene sentido imaginar que, de un día para otro, desaparece de golpe “el puesto de administrativo” o “el puesto de periodista”. Lo que pasa es que la IA empieza a encargarse de trozos de ese trabajo, nos va robando piezas del puzle:

  • Redactar ese correo que nos da pereza.
  • Rellenar un informe rutinario.
  • Revisar datos en una hoja de cálculo.
  • Generar un primer borrador de contrato o de informe.

A partir de ahí, pueden pasar dos cosas: o nuestro trabajo mejora porque nos quita lo más pesado, o cambia tanto que necesitamos aprender cosas nuevas a toda velocidad. Y ojo, que en algunos perfiles muy rutinarios, si las tareas “pieza a pieza” son casi todo el trabajo, el riesgo de que el puesto desaparezca o se reduzca es muy real. No desaparece el “puesto” de un día para otro, pero sí se va comiendo los trozos más repetitivos.

La «zona cero» y por qué les afecta sobre todo a las mujeres

Los trabajos administrativos y de atención al cliente son la “zona cero” de este impacto. Un chatbot bien entrenado ya puede responder muchas consultas en un centro de llamadas, o generar facturas y papeleos en segundos.

Y aquí hay un dato que me preocupa especialmente: estos trabajos están muy feminizados. Son puestos con sueldos más bajos, más temporalidad, más jornadas parciales… y ahora, además, más expuestos a automatización. Por desgracia, otra vez nos toca a nosotras. Si se destruyen o se transforman radicalmente muchos empleos administrativos, esa factura la van a pagar sobre todo mujeres. Y no podemos olvidar que muchas de esas mujeres cargan con tareas de cuidados y con más precariedad. Por eso es tan importante que las políticas de empleo y de igualdad tengan esto en cuenta desde el principio.

Pero ojo, porque esta vez no se libran los de “cuello blanco”. La novedad de esta ola de IA generativa es que entra también en los despachos: abogacía, finanzas, periodismo, programación, y muchos más. Ya hemos visto que hoy una IA te analiza un contrato legal y te saca en segundos las cláusulas más problemáticas.

El algoritmo no decide: el copiloto vs el jefe invisible

Entonces, si la máquina hace lo aburrido y lo rápido… ¿vamos a vivir mejor? ¿Vamos a trabajar menos horas?.

Ahí está la gran batalla. La tecnología abre posibilidades, pero el resultado final no lo decide el algoritmo, lo deciden las reglas del juego: las leyes, los convenios y las decisiones de las empresas.

Simplificando mucho, hay dos caminos:

El camino malo es el del “jefe invisible”. Este suena a película de miedo: “El jefe invisible 2: esta vez viene en la nube”. Es cuando se usa la IA para vigilarnos al milímetro: cuánto tardamos en contestar un email, cuántas llamadas atendemos por hora, cuántos expedientes cerramos al día… y nos comparan todo el rato con nuestros compañeros. La misma herramienta que podría liberarnos de trabajo mecánico puede usarse para apretarnos más las tuercas: más métricas, más presión, más sensación de que siempre vamos tarde. Eso genera un estrés brutal y una sensación de vigilancia permanente.

El camino bueno es el del “copiloto” : nosotros seguimos decidiendo, pero tenemos una herramienta que multiplica nuestra capacidad y nos quita tareas pesadas.

¿La IA crea o destruye empleo? ¡El saldo depende de nosotros!

Si miramos el conjunto, así en global, ¿la IA va a crear más empleo del que destruye, o al revés?. La gente quiere saber si, sumando todo, vamos a tener más trabajo, menos, o simplemente distinto.

Esa es la gran pregunta del millón… y la respuesta no está escrita todavía. Los estudios que tenemos dicen que:

  • Muchos empleos verán automatizada una parte importante de sus tareas.
  • Algunos puestos desaparecerán o se reducirán.
  • También aparecerán nuevos trabajos y sectores que hoy casi ni imaginamos.

Si la productividad que aporta la IA se reinvierte en nuevos servicios, en transición ecológica, en cuidados, en educación, en ocio… el balance podría ser incluso positivo en empleo. Pero si solo se usa para recortar costes y despedir, el saldo será claramente negativo.

Por eso, la pregunta clave no es una cifra mágica, sino: ¿qué tipo de trabajo estamos construyendo y cómo vamos a repartir los beneficios de esta tecnología?.

Nuestra guía de supervivencia: formación con derechos

Todo esto no puede depender solo de que cada persona aprenda a usar la IA por su cuenta. Decidir si la IA va a ser copiloto o jefe invisible no puede quedar solo en manos de quien está delante de la pantalla. Aquí también se tienen que mojar las empresas, las administraciones y los gobiernos.

Se lanza mucho el mensaje de “recíclate o te quedarás atrás” como si todo dependiera de nuestros ratos libres. Pero el uso que se hace de la IA es también una decisión empresarial y política: qué derechos laborales se refuerzan o se debilitan, y qué límites se ponen al control excesivo del “jefe invisible”.

Si no hay reglas claras, la inercia suele ser usar la IA para recortar costes y aumentar la presión. Con buenas leyes, buenos convenios y decisiones responsables, se puede orientar justo al revés: hacia más calidad de empleo, más conciliación y más prevención de riesgos.

Con este panorama, ¿qué hacemos nosotros? He preparado una especie de guía de supervivencia para esta era de la IA:

Proteger la salud mental y el tiempo: Estamos en la era de la hiperautomatización. La IA no es para hacer más y más hasta reventar, sino para hacer mejor. Si la IA me ahorra dos horas de trabajo, esas dos horas deberían servir para pensar mejor, crear, o, sencillamente, descansar un poco. Y aquí entra el derecho a la desconexión digital: la IA no puede ser la excusa para estar disponible 24/7.

Cultivar capacidades híbridas: Necesitamos un mínimo de alfabetización en IA (saber qué puede hacer, qué no, qué riesgos tiene). Y, sobre todo, debemos combinar eso con habilidades muy humanas: pensamiento crítico, creatividad, criterio ético. No intentemos competir con la IA en ser más rápidos, compitamos en entender el contexto y en calidad de decisiones.

Aprendizaje continuo… pero con derechos: La formación ya no es un extra, es casi una condición para poder seguir en el mercado laboral. Y eso no puede depender solo de la buena voluntad individual. Necesitamos que la formación forme parte de la jornada laboral, esté financiada o cofinanciada, y llegue también a quienes están en situaciones más precarias.

Fortalecer tus habilidades relacionales: Cuidar, escuchar, negociar, empatizar. Tareas como mediar en un conflicto o explicar una mala noticia con cuidado van a seguir teniendo mucho valor. Pero ojo con la autoexplotación emocional: que no acabemos quemándonos gestionando emociones sin que se reconozca en salario ni en condiciones.

Organizarse colectivamente: Esto no va de “yo contra el robot”. Va de cómo las personas, juntas, deciden cómo entra la IA en su empresa o sector. Desde la organización podemos exigir transparencia, participar en el diseño de los procesos y establecer límites claros al famoso “jefe invisible”.

La IA, un amplificador de desigualdades

Mi preocupación es que esto aumente las desigualdades. La IA no llega igual a todas partes ni a todo el mundo. Los que están bien, estarán mejor; los que están mal, pueden quedarse mucho más atrás.

Aquí las administraciones y los gobiernos tienen un papel que no se puede delegar. Hablamos de cosas concretas:

  • Regular cómo se usan estos sistemas para contratar o despedir.
  • Garantizar formación accesible también para quien está en paro o en trabajos precarios.
  • Reforzar la inspección laboral cuando se usan algoritmos para controlar plantillas.

A todo esto se suma un matiz crucial: la brecha generacional. Algunos estudios en Estados Unidos han detectado una señal de alarma en los trabajos de entrada: los trabajadores más jóvenes, de unos 22 a 25 años, han sufrido una caída importante en su nivel de empleo respecto a compañeros de más edad, en el mismo tipo de puesto. La hipótesis es que la IA está automatizando precisamente esos trabajos más básicos, esos primeros peldaños que antes servían para “aprender el oficio”. ¡Qué paradoja! Los más tecnológicos son los primeros en ver cerrarse la puerta.

El reto de la semana: ¡haz tu mapa de tareas personalizado!

La tecnología es la misma para todos, pero las decisiones sobre cómo usarla son humanas. Con la misma herramienta, se puede aprovechar para despedir gente… o para reducir jornada laboral y mejorar la calidad de vida de la plantilla.

Por eso, te propongo un reto muy concreto esta semana: vamos a hacer un “Mapa de tareas personalizado” para ver cómo la IA puede influir en nuestro día a día.

Es muy sencillo:

  1. Piensa en tu trabajo o tus estudios.
  2. Escribe una lista de 10 tareas que haces a menudo.
  3. Marca con una A las tareas repetitivas o mecánicas (rellenar formularios, copiar datos, redactar siempre el mismo tipo de correo…).
  4. Marca con una H las tareas donde pones más criterio humano: tratar con personas, tomar decisiones, crear algo nuevo.

Después, entra en tu chatbot favorito (Gemini, ChatGPT o el que sea) y escríbele algo así:

“Actúa como orientador laboral. Tengo estas tareas A y estas tareas H (pegar la lista). Explícame cómo podría usar la IA como COPILOTO para ayudarme con las tareas A, sin convertirla en un JEFE INVISIBLE que me controle con métricas. Dame ideas concretas y recordatorios de mis derechos o límites sanos.”

Le cuentas a la IA cómo es tu día y le pides ayuda para que te quite un poco de carga sin que se convierta en un pequeño tirano digital.

Luego, elige una de esas tareas A y prueba esta semana a usar la IA para facilitarla un poco. Al final de la semana, pregúntate según tu experiencia: “¿Qué he ganado realmente? ¿Más tiempo para pensar y descansar… o solo más presión para hacer más cosas?”.

Ahí queda ese mapa de tareas para desenmascarar al “jefe invisible” y quedarnos con el buen uso de la IA como copiloto.

Recuerda: no se trata de rendirse ni de idealizar la tecnología… se trata de entenderla y participar en cómo cambia nuestro empleo.


Algunas de las fuentes utilizadas para elaborar este post han sido:

¡Hasta la semana que viene!


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