Seguimos con el capítulo 6 de “Inteligencia artificial generativa para gente real. Tu brújula para usarla bien”, una serie semanal para la Cadena Ser, en «A vivir Cantabria», junto a Conchi Castañeda. En este sexto capítulo analizamos qué pasa en nuestro cerebro cuando delegamos en exceso nuestro esfuerzo cognitivo en las herramientas de IA. También veremos cómo generar música con IA. Se puede escuchar el programa aquí, a partir del minuto 22:00: https://cadenaser.com/audio/ser_cantabria_avivircantabria_20251207_130433_140000/
Hay una pregunta incómoda que no podemos seguir esquivando: si le pedimos a la “maquinita”, al chatbot, que piense y redacte por nosotros sin esfuerzo por nuestra parte… ¿se nos va a quedar el cerebro fofo? ¿Estamos delegando tanto la parte intelectual de nuestro trabajo que corremos el riesgo real de una especie de atrofia mental?
La respuesta corta, basada en un estudio exhaustivo que acabo de leer y que, sinceramente, es de lo más importante que he visto este año sobre cómo la tecnología nos cambia físicamente, es: sí. Existe un riesgo real, medible y físico de atrofia mental. Pero, como verás, también hay una buena noticia: bien usada, la IA puede encender nuestro cerebro en vez de apagarlo.
“Tu cerebro con ChatGPT”: el estudio que no me quito de la cabeza
El trabajo en cuestión está firmado por investigadores del MIT (el Instituto Tecnológico de Massachusetts) y de otras universidades de Boston. El título ya lo dice todo: “Tu cerebro con ChatGPT: Acumulación de deuda cognitiva al usar un asistente de IA para tareas de redacción de ensayos”.
¿Qué hicieron exactamente?
- Reclutaron a 54 participantes, gente joven, estudiantes universitarios.
- Les encargaron una tarea muy concreta: escribir ensayos.
- Mientras escribían, les colocaron un gorro de electroencefalografía (EEG) con 32 electrodos para registrar sus ondas cerebrales en tiempo real.
Querían ver la “fiesta neuronal” en directo: cómo se comunican las distintas zonas del cerebro cuando escribimos… con y sin ayuda de la IA.
Para eso dividieron a los participantes en tres grupos muy claros:
- Grupo Cerebro: escribían con su cabecita, sin ningún tipo de ayuda digital.
- Grupo Buscador: podían usar Google, pero no inteligencia artificial generativa.
- Grupo IA: usaban ChatGPT para hacer la tarea de redacción.
La escena es fácil de imaginar: unos “sudando tinta” sobre el teclado y otros, sencillamente, dándole al botón.
Qué es eso de la “conectividad cerebral”
El dato principal que midieron fue la conectividad cerebral: cómo se comunican entre sí distintas regiones del cerebro mientras hacemos la tarea.
Imagina una red de carreteras:
- En algunos casos, las autopistas entre memoria, atención, lenguaje y planificación van a tope, llenas de tráfico.
- En otros, apenas circulan coches: casi todo va por una calle secundaria y el resto está medio apagado.
Eso es la conectividad: cuánta comunicación hay entre las distintas zonas mientras pensamos, recordamos, decidimos o redactamos.
Grupo Cerebro, Grupo Buscador y Grupo IA: tres formas de usar (o no) la mente
1. Grupo Cerebro: sudando la camiseta mentalmente
En el Grupo Cerebro, el de quienes escribían sin ayudas digitales, las “carreteras” neuronales estaban llenísimas de tráfico. Había una comunicación intensa entre los lóbulos frontal, parietal y temporal: una auténtica fiesta cerebral.
Se dispararon especialmente las ondas Alfa y Theta, asociadas a tareas como:
- Recuperar recuerdos.
- Organizar ideas.
- Mantener la atención sostenida.
En otras palabras: este grupo estaba sudando la camiseta mentalmente.
2. Grupo Buscador: la “gymkhana” de Google
El Grupo Buscador se quedó en un punto intermedio. Su cerebro no estaba tan activo como el de quienes escribían completamente a mano, pero sí se veían picos interesantes en la zona visual.
Buscar en Google es como una gymkhana mental:
- Tienes que cazar información.
- Leer rápido.
- Filtrar lo que te sirve de lo que no.
- Decidir qué enlace merece la pena.
Todo eso mantiene al cerebro despierto, aunque parte del esfuerzo lo estás derivando al buscador.
3. Grupo IA: el cerebro en modo ahorro de energía
La sorpresa (o no tan sorpresa) llegó con el Grupo IA, el que utilizaba ChatGPT para escribir.
Su conectividad cerebral era la más baja de todas. Sus redes neuronales estaban, básicamente, en modo ahorro de energía:
- Mucho menos tráfico entre las zonas de memoria y toma de decisiones.
- Menos coordinación entre las regiones implicadas en la redacción.
Los investigadores describen esto como “descarga cognitiva”: el cerebro “descarga” parte del esfuerzo en la máquina. Es como si dijera:
“¿Que lo hace la IA? Pues yo me echo la siesta.”
La ley del mínimo esfuerzo en versión biológica.
Pero si el texto sale bien… ¿qué más da?
Aquí llega la pregunta clave: si el resultado final es bueno, si el ensayo está bien escrito, sin faltas y con un estilo aparente, ¿qué más da que el cerebro se haya tomado unas “vacaciones” durante el proceso?
El estudio no se quedó solo en las ondas cerebrales: también analizó el comportamiento de los participantes. Y ahí aparecen dos datos que, al menos a mí, me dejaron helado: la propiedad y la memoria.
“¿Es tuyo este texto?”: el problema de la propiedad
Primero, la propiedad. Al terminar, les hicieron una pregunta sencilla:
“¿Sientes que este texto es tuyo?”
- En el Grupo Cerebro, la respuesta fue un sí rotundo: el 100 % sentía el texto como propio.
- En el Grupo IA, en cambio, la moral estaba por los suelos: muchos confesaron que no sentían el texto como suyo, o solo “a medias”.
En el fondo, sabían que estaban haciendo un poco de impostores. No deja de ser una especie de “copia-pega” asistido, aunque no hayan copiado literalmente de otra página.
La memoria que desaparece: el 83 % no recuerda ni una frase
El segundo dato es aún más inquietante: la memoria.
Justo después de terminar el ensayo, sin dejar pasar casi tiempo, les pidieron algo muy sencillo:
“Cita una sola frase de tu propio texto sin mirarlo.”
Podríamos pensar: si acabas de escribirlo, algo te sonará, ¿no?
Pues no. El 83 % de los participantes que usaron IA fue incapaz de citar correctamente una sola frase de su ensayo. El 83 %. Escribieron (o, mejor dicho, generaron) el texto, lo entregaron y, dos minutos después, su cerebro lo había borrado. Como si nunca hubiera existido.
Es como invitar gente a cenar, pedir pizza, servirla en tus platos y luego ni siquiera saber qué ingredientes lleva. Has puesto la mesa, pero no tienes ni idea de lo que estás ofreciendo.
Si usamos la IA para estudiar o trabajar y nuestro cerebro no retiene nada, la pregunta es obvia: ¿qué estamos aprendiendo en realidad?
La “fábrica de salchichas” del contenido
El estudio añade otro punto importante: la homogeneidad de los textos generados con IA.
Al analizar las palabras y las estructuras, vieron que los ensayos creados con el asistente eran prácticamente clones:
- Usaban las mismas palabras “cultas”.
- Repetían las mismas estructuras de frase.
- Desaparecía la voz propia del alumno.
Es la “fábrica de salchichas” del contenido: todo sale perfecto a la vista, pero todo sabe igual.
Es verdad que hoy en día ya sabemos que se puede personalizar el resultado de un chatbot y evitar parte de esta homogeneidad. De hecho, lo hemos comentado otras veces: se puede ajustar el estilo, añadir ejemplos personales, revisar y reescribir. Pero el estudio se centra en un uso muy habitual: personas que aceptan casi sin filtro lo primero que les ofrece la máquina.
Y ahí, el resultado es claro: textos correctos… pero planos, poco memorables y con muy poca implicación mental por parte del usuario.
Sesión 4: cuando la deuda cognitiva acumulada pasa factura
Hasta aquí, el experimento ya era inquietante. Pero luego vino el giro de guion: una cuarta sesión en la que los investigadores cambiaron completamente las tornas.
Después de tres sesiones usando siempre la misma herramienta, en la Sesión 4:
- A quienes llevaban semanas escribiendo a mano, en el Grupo Cerebro, les dieron acceso a ChatGPT.
- A quienes llevaban semanas dependiendo de la IA, en el Grupo IA, se la quitaron y les dijeron: “Ahora, escribid solitos.”
Ahí aparece el concepto clave del estudio: la Deuda Cognitiva Acumulada.
Cuando te quitan la muleta
En el Grupo IA, el resultado fue dramático. Sus cerebros no conseguían “arrancar” del todo:
- La conectividad neuronal siguió siendo baja, incluso más baja que la del Grupo Cerebro al principio del experimento.
- No lograban reactivar con normalidad las redes de memoria y planificación.
- Los ensayos que escribieron cuando les retiraron la IA tenían menos vocabulario, eran más repetitivos y mostraban una coordinación mental pobre.
Se habían acostumbrado tanto a la muleta de la IA que, al quitársela, cojeaban visiblemente. Ahí es donde la “deuda cognitiva” se hace tangible: tras varias sesiones delegando la parte dura del pensamiento, el cerebro pierde músculo y le cuesta más volver a tirar solo.
Cuando llegas fuerte a la IA
Lo más llamativo, sin embargo, fue lo que pasó con el otro grupo. Los del Grupo Cerebro, que habían estado escribiendo sin ayuda y, de repente, recibieron ChatGPT.
Contrariamente a lo que podríamos pensar, no se volvieron vagos al instante. Su cerebro se encendió como un árbol de Navidad:
- La conectividad se disparó.
- Las distintas regiones cerebrales se coordinaban de forma intensa.
¿Por qué? Porque no obedecían ciegamente a la máquina. Intentaban integrar lo que proponía la IA con sus propias ideas:
- Contrastaban.
- Discutían mentalmente con las sugerencias.
- Usaban la IA para mejorar, no para sustituir su pensamiento.
Tenían el músculo entrenado después de varias sesiones trabajando sin ayuda. Así que utilizaron la IA como una especie de sparring intelectual. No se sometían a la herramienta: “peleaban” con ella.
El titular: la IA te hace más listo… o más tonto, según cómo llegues a ella
De todo esto sale una idea que condensa muy bien el estudio:
Si tienes el cerebro entrenado, la IA te hace más listo.
Si lo tienes vago, la IA te hace más tonto.
El problema no es la herramienta en sí. El problema es llegar a ella con el cerebro vacío, sin hábito de pensar, de planificar, de escribir con tu propia voz.
Tres grandes riesgos sociales si normalizamos delegarlo todo en la IA
Las implicaciones sociales que señala el estudio son enormes. Hay, al menos, tres riesgos muy claros:
Dependencia y ansiedad ante la página en blanco
Si cada vez que vemos una página en blanco esperamos automáticamente la ayuda de un asistente, podemos acabar generando una dependencia: sentir que “no sabemos” escribir o pensar sin un cursor parpadeando y un chatbot a un clic.
Pérdida de pensamiento crítico
Si delegamos sistemáticamente el razonamiento, perdemos la capacidad de juzgar por nosotros mismos si algo es verdad o mentira. Nos acostumbramos a que “la máquina sabrá”.
Cámaras de eco y pensamiento promedio
La IA tiende a ofrecernos respuestas “promedio”, seguras, poco arriesgadas. Eso reduce la diversidad de opiniones y nos encierra en una burbuja de contenido estándar.
¿Prohibir la IA? No: ni demonios ni ángeles
Ante este panorama, la tentación podría ser decir: “Prohibamos esto, sobre todo en escuelas y universidades”. Pero, seamos realistas: la tecnología está aquí para quedarse.
No se trata de convertir a la IA en un demonio ni en un ángel. La clave está en cómo nos relacionamos con ella.
Si vas en el coche de la IA, úsala como copiloto, no como chófer. El estudio demuestra que el cerebro puede trabajar con la IA sin apagarse, pero para eso hace falta esfuerzo consciente. Hablamos de una verdadera integración estratégica.
Tres antídotos para evitar la deuda cognitiva acumulada
1. La técnica del sándwich
- Primero, piensa tú.
Haz un esquema, unas notas, un borrador. Activa tu memoria, organiza ideas: que tu cerebro sea el primero en entrar en acción. - Después, usa la IA.
Pídele que mejore tu esquema, que lo amplíe, que reordene ideas, que te proponga alternativas. - Por último, vuelve tú.
Revisa, corrige, reescribe. Quita cosas, añade ejemplos personales, adapta el tono.
Si el humano no está al principio y al final del proceso, mal vamos.
2. Interroga a la máquina
No aceptes el primer resultado. Discute con la IA:
- “No estoy de acuerdo, dame otra opción”.
- “Explícamelo desde otro punto de vista”.
- “¿Qué argumentos habría en contra de esto?”.
Eso obliga a tu cerebro a evaluar, comparar, decidir. Es un ejercicio cognitivo potentísimo.
3. La prueba de la cita
Hazte esta prueba sencilla:
Si no eres capaz de citar una frase de tu propio texto sin mirarlo, bórralo y empieza de nuevo.
Si tu cerebro no ha retenido ni una sola frase, quizá ese texto no sea realmente tuyo: es de un algoritmo. Y si no es tuyo, difícilmente te aportará aprendizaje a largo plazo.
Al final, es como ir al gimnasio: la máquina te ayuda a levantar peso, pero el esfuerzo lo tienes que hacer tú. Si la máquina levanta el peso sola, tú no te pones fuerte.
Reto de la semana: crear tu propio éxito musical con IA
Después de hablar de deuda cognitiva, puede parecer raro que el reto de la semana sea… crear tu propio hit musical con IA. Pero tiene todo el sentido: se trata de usar la IA, no de que ella nos use a nosotros.
El desafío es: “Crear tu propio éxito musical”.
La herramienta que te propongo es Suno, una plataforma que permite generar música incluso a personas que no tienen ningún conocimiento musical. Y la calidad que está alcanzando hoy es tal que, en muchos casos, es difícil distinguir si lo que escuchas lo ha compuesto una banda real en un estudio… o una inteligencia artificial.
Además de hablar y escribir sobre IA y medio ambiente, también soy músico. Y una pregunta que me hacen mucho es:
“¿No sientes que esto amenaza a los artistas de verdad?”
Mi respuesta es clara: para mí, herramientas como Suno no quitan trabajo ni destruyen la creatividad. Lo que hacen es democratizar la música.
IA que democratiza la música
Si no sabes tocar la guitarra o el piano, ¿cómo te ayuda algo así?
Precisamente ahí está la revolución:
- Permite que personas sin formación musical puedan incorporar música original en su trabajo.
- Sin estas herramientas, sencillamente no la usarían.
Piensa en ejemplos muy concretos:
- Un profesor puede crear canciones personalizadas para trabajar valores en el aula.
- Un pequeño comercio de Torrelavega puede acompañar sus campañas en redes sociales con temas propios.
- Un educador ambiental puede componer la canción perfecta para el tema que esté tratando con su grupo.
Para quienes sí tienen conocimientos musicales, la IA se integra como una herramienta más de estudio:
- Ya no se trata de “lo que salga” en modo automático.
- Gracias a las crecientes opciones de personalización, disección y tratamiento, el músico puede mantener en todo momento el control artístico.
- La IA funciona como un instrumento flexible que amplía la paleta creativa, en lugar de sustituirla.
Y algo importante: nadie está obligado a usar IA. Quien quiera seguir componiendo con guitarra, papel y lápiz, puede hacerlo. Esto va de sumar posibilidades, no de restarlas.
Cómo crear tu pieza con Suno: guía rápida
Vamos al reto, paso a paso.
1. Si quieres crear solo música instrumental
- Entra en Suno y ve a la sección “Create”.
- Elige la opción “Simple”.
- Marca la casilla de “instrumental”.
- Describe el estilo y los instrumentos que quieres: por ejemplo, “ambient suave con piano y cuerdas”, “rock energético con guitarras distorsionadas”, etc.
Y listo: obtendrás una pieza musical sin voces, que puedes usar en tu aula, en tus redes o en tus proyectos.
2. Si quieres una canción completa (con letra y voz)
Aquí viene lo divertido: pulsa en “Custom”, el modo personalizado.
Elige y mezcla estilos
Puedes combinar géneros: pop, rock, electrónica, lo-fi, lo que quieras. La herramienta permite jugar con esas mezclas.
Empieza por la letra
Escribe un texto tuyo: un poema, una historia, una reflexión.
Eso es lo que te dará sentido de pertenencia. Si la letra es tuya, la canción tendrá tu alma, aunque la cante un avatar digital.
Elige la voz
Puedes seleccionar voz masculina o femenina.
También puedes elegir voces que ya hayas escuchado en otras canciones generadas.
Supertruco de músico: etiquetas, coros y melodías
Te dejo un “supertruco” para que el resultado sea mucho más sólido:
- Usa etiquetas en la letra.
Escribe secciones entre corchetes:[intro][Verso 1][Estribillo][Verso 2][puente]
- Añade coros y voces de fondo con paréntesis.
Si escribes cosas como:(ooh, aah)(yeah, ay)
- Incluso puedes tararear una melodía propia para que la tenga en cuenta en la composición. Así mezclas tu intuición melódica con la capacidad de producción de la IA.
Las posibilidades son muchas. La clave, de nuevo, es que tú pongas la intención, la idea, la letra, la estructura.
Cierro: haz tu hit… y entrena tu cerebro con la IA, no contra ella
El reto está claro: crear tu “hit” mundial con letra propia y aprovechando estas herramientas. Puedes compartir los enlaces de tus canciones aquí: www.enplanplaneta.es.
Te dejo también enlaces a más estudios que profundizan en:
- La relación entre el uso intensivo de IA y el deterioro del pensamiento crítico.
- Las dificultades crecientes para retener información, argumentar de forma autónoma o validar fuentes.
- Y, muy importante, investigaciones sobre formas adecuadas de interactuar con la IA para mitigar esa deuda cognitiva acumulada.
La idea de fondo es la misma en todo: no se trata de dejar de usar la IA, sino de usarla mejor. Que no nos deje el cerebro fofo, sino más entrenado. Que no escriba por nosotros, sino con nosotros. Que sea un instrumento, no un sustituto.
Si lo conseguimos, nuestro “hit” no será solo musical: será una forma más inteligente de convivir con la tecnología.
- Kosmyna, N., et al. (2025). Your Brain on ChatGPT: Accumulation of Cognitive Debt when Using an AI Assistant for Essay Writing Task (preprint, MIT Media Lab).
https://arxiv.org/abs/2506.08872 arXiv - Gerlich, M., et al. (2025). AI Tools in Society: Impacts on Cognitive Offloading and the Future of Critical Thinking. Societies 15(1):6.
https://www.mdpi.com/2075-4698/15/1/6 MDPI - Zhai, C., Wibowo, S., Li, Y. (2024). The effects of over-reliance on AI dialogue systems on students’ cognitive abilities: a systematic review. Smart Learning Environments.
https://slejournal.springeropen.com/articles/10.1186/s40561-024-00316-7 SpringerOpen - Dhillon, P. S., et al. (2024). Shaping Human-AI Collaboration: Varied Scaffolding Levels in Co-writing with Language Models (CHI 2024).
https://arxiv.org/abs/2402.11723 arXiv - Herm, L.-V. (2023). Impact of Explainable AI on Cognitive Load: Insights from an Empirical Study.
https://arxiv.org/abs/2304.08861 arXiv - Schmidhuber, J., Schlögl, S., Ploder, C. (2021). Cognitive Load and Productivity Implications in Human-Chatbot Interaction.
https://arxiv.org/abs/2111.01400 ar
¡Hasta la semana que viene!

