Bienvenidos a la segunda temporada de Inteligencia Artificial para gente real, una serie semanal para la Cadena Ser, en «A vivir Cantabria», el magazine dominical. Quitamos el apellido de generativa porque hablaremos de muchas más cosas relativas a la IA, y también cambiamos el subtítulo: de «tu brújula para usarla bien» pasamos a «la noticia es solo el principio». Después de 32 episodios en los que hemos aprendido a utilizar herramientas de IA, conocer sus posibilidades y entender sus riesgos, estrenamos un enfoque algo diferente: partiremos de noticias e historias sorprendentes para descubrir qué hay detrás, qué hay de verdad, qué se exagera y cómo puede afectarnos. Nuestro nuevo lema lo resume bien: «La noticia es solo el principio».
Empezamos nueva temporada hablando del avance más importante de los últimos meses: los agentes de IA. Y nos ponemos manos a la obra a tope, con una gran pregunta: ¿Qué le dejarías hacer a una inteligencia artificial en tu nombre? Los nuevos agentes de IA pueden navegar por internet, manejar archivos, enviar correos y trabajar mientras duermes. La pregunta es hasta dónde estamos dispuestos a darles permiso.
El capítulo de hoy se puede escuchar en el programa aquí, a partir del minuto 37:03: https://cadenaser.com/audio/ser_cantabria_avivircantabria_20261025_130523_140000/

Una factura olvidada que una inteligencia artificial decidió recuperar
Imagina que has hecho un trabajo, tienes pendiente cobrarlo y, entre unas cosas y otras, se te olvida preparar la factura. Pasa el tiempo y ni te acuerdas. Pero tu asistente de inteligencia artificial sí. Parece una escena de ciencia ficción, pero es una historia que OpenAI compartió al presentar uno de sus nuevos productos. Uno de los primeros usuarios que probaron sus asistentes autónomos tenía pendiente facturar un trabajo para una publicación. La IA detectó el olvido, preparó la factura y la envió. Eso sí, después de pedir permiso a su propietario.
La historia tiene su gracia. ¿Quién no querría un asistente que le recordara cobrar lo que le deben? Pero también plantea una pregunta que nos puede hacer pensar: ¿cómo sabía la IA que esa persona tenía una factura pendiente? ¿A qué información había tenido acceso? Y, sobre todo, ¿qué otras cosas podría hacer por su cuenta?
Mientras muchos disfrutábamos de las vacaciones de verano, la inteligencia artificial ha aprendido algo que hasta hace poco parecía reservado a los usuarios más avanzados: manejar el ratón, abrir aplicaciones y ponerse a trabajar por nosotros.
De responder preguntas a hacer el trabajo: ¿qué es un agente de IA?
Hasta ahora, la mayoría utilizábamos herramientas como ChatGPT, Claude o Gemini principalmente para mantener conversaciones. Les hacíamos preguntas, les pedíamos explicaciones, les encargábamos textos o les entregábamos documentos para analizarlos. Pero el trabajo práctico seguía dependiendo bastante de nosotros. Pongamos un ejemplo. Tienes cuarenta facturas en PDF y necesitas organizarlas. Con un chatbot tradicional podías preguntarle cómo hacerlo. Te explicaba un procedimiento, te ayudaba a analizar los documentos y quizá incluso preparaba una tabla con parte de la información. Pero seguramente te tocaba seguir abriendo carpetas, moviendo archivos y copiando datos. Con los nuevos sistemas puedes darle una orden bastante diferente:
«Revisa estas cuarenta facturas, clasifícalas por fecha y proveedor, prepara una hoja de cálculo con los importes y deja los documentos organizados en carpetas».
Y, si dispone de los permisos y herramientas necesarios, puede ejecutar ese encargo paso a paso. Aquí aparece el concepto protagonista de este episodio: los agentes de inteligencia artificial. Me gusta explicarlos como chatbots con manos. Un chatbot puede asesorarte sobre cómo hacer una tarea. Un agente, además, puede utilizar herramientas para ejecutarla. Es capaz de dividir un trabajo en pasos, buscar información, abrir aplicaciones, modificar archivos y comprobar los resultados. Al menos, intentarlo. Porque estos sistemas todavía se equivocan, se atascan y pueden interpretar incorrectamente nuestras instrucciones.
¿Cómo trabajan estos agentes?
No todos funcionan igual. Existen diferentes formas de darles acceso a las herramientas que necesitan:
- Conectándose a tus aplicaciones: pueden interactuar con servicios como el correo electrónico, calendarios o plataformas de almacenamiento, siempre dentro de los permisos concedidos.
- Trabajando en un ordenador en la nube: disponen de un entorno informático propio en el que navegan, crean documentos y ejecutan tareas.
- Manejando tu propio ordenador: algunas herramientas, con tu autorización, pueden observar la pantalla, hacer clic, escribir, cambiar de ventana y trabajar con programas instalados.
Esta última posibilidad resulta especialmente llamativa. Es parecido a cuando compartes la pantalla con alguien para que te ayude a resolver un problema informático. Solo que ahora, al otro lado, hay una inteligencia artificial.
De una langosta para expertos a herramientas para millones de personas
En la primera temporada ya hablamos de OpenClaw, aquel proyecto de agentes de IA que se hizo famoso por su mascota, una langosta. Permitía automatizar tareas bastante complejas: leer correos, navegar por internet, ejecutar órdenes o manejar aplicaciones. Era una propuesta fascinante, pero exigía conocimientos técnicos y planteaba importantes problemas de seguridad si se configuraba incorrectamente. De hecho, recomendé mucha prudencia antes de instalarlo.
¿Qué ha cambiado desde entonces? Principalmente, que estas capacidades están llegando a aplicaciones comerciales utilizadas por millones de personas. Ya no siempre hace falta saber programar, instalar componentes o configurar sistemas complicados. En algunos casos, basta con seleccionar un modo de trabajo y explicar lo que necesitamos. Y las grandes empresas tecnológicas se han lanzado a competir por ofrecer los asistentes más capaces.
ChatGPT Work: encárgale un proyecto y recibe el resultado
El 9 de julio de 2026, OpenAI presentó ChatGPT Work, un sistema pensado para abordar tareas largas y complejas. La diferencia es considerable. Puedes encargarle que prepare una presentación y, en lugar de limitarse a entregarte un esquema, puede crear el archivo terminado. También puede elaborar documentos, hojas de cálculo, informes, investigar información y trabajar con aplicaciones conectadas. En la aplicación de escritorio de ChatGPT se puede elegir entre Chat, para las conversaciones habituales, y Work, para encargar trabajos completos. Dependiendo de los permisos y las funciones disponibles, también puede interactuar con aplicaciones del ordenador. Un detalle interesante es que Work puede utilizarse en la aplicación de escritorio incluso con cuentas gratuitas, aunque con límites. En web y móvil, su disponibilidad depende del plan contratado.
Claude Cowork: trabajar conjuntamente con la IA
Anthropic, la empresa que desarrolla Claude, también ha avanzado en esta dirección con Cowork. Su propuesta consiste en integrar las conversaciones habituales con la realización de tareas. Tú explicas qué necesitas y el sistema puede decidir qué herramientas utilizar para ayudarte. Puede trabajar con archivos, preparar documentos, navegar y, con los permisos adecuados, interactuar con aplicaciones. La idea de Cowork, como su nombre sugiere, es que la persona y la inteligencia artificial puedan trabajar conjuntamente. Google tampoco se ha quedado atrás y está incorporando capacidades de agentes y ejecución de tareas en su ecosistema Gemini. Pero una de las novedades más sorprendentes llegó a finales de septiembre.
Los dots: asistentes de IA que siguen trabajando mientras duermes
El 29 de septiembre de 2026, OpenAI presentó oficialmente los dots. Y aquí la historia da otro giro. Los dots son asistentes de IA personalizados. Puedes ponerles nombre, elegir un personaje o mascota y asignarles objetivos. Detrás de esa apariencia simpática hay algo bastante más potente: un agente con su propio ordenador en la nube que puede trabajar las 24 horas del día, los siete días de la semana. Tú le encargas un proyecto, cierras el portátil y el asistente puede seguir avanzando. Imagina que estás organizando un evento. Tu dot podría recopilar información, elaborar documentos, preparar materiales o seguir trabajando en las tareas que le hayas encomendado. Pero tienen otra característica especialmente interesante: su funcionamiento proactivo.
Una IA que se adelanta a tus necesidades
Los dots pueden revisar por iniciativa propia información de las aplicaciones que les hayas conectado, utilizando accesos de lectura autorizados, para identificar tareas en las que podrían ayudarte. Es decir, no necesitan esperar siempre a que les hagas una pregunta. Pueden descubrir que tienes una gestión pendiente, que ha llegado información relevante para un proyecto o que existe una tarea que convendría abordar. Y proponerse ayudarte. Volvamos a la factura del principio. Precisamente ese es el tipo de situación que OpenAI utilizó para ilustrar su funcionamiento. La IA detectó una necesidad de la que su usuario ni siquiera se había acordado. Suena estupendo. Pero tiene implicaciones importantes para nuestra privacidad.
Tus datos pueden convertirse en recuerdos del asistente
Según explica OpenAI en su documentación sobre dots, estos asistentes pueden crear recuerdos a partir de la información obtenida de las aplicaciones conectadas. Esos recuerdos les permiten conocer mejor tu contexto y trabajar de manera más personalizada. Pero hay un detalle que conviene conocer antes de conectar nada: desconectar una aplicación no elimina automáticamente la información que el dot ya haya obtenido de ella. Para borrar los recuerdos propios del dot es necesario restablecer o eliminar ese asistente, siguiendo las opciones y advertencias del servicio. Conviene pensarlo bien antes de abrirle las puertas de nuestro correo, nuestros documentos o nuestras aplicaciones personales.
¿Podemos utilizar los dots en España?
A fecha de octubre de 2026, los dots no están disponibles para usuarios individuales de ChatGPT Pro en España ni en el resto del Espacio Económico Europeo. Su despliegue individual se está realizando en otros mercados y exige una suscripción Pro de gama alta. Los planes empresariales Business Premium sí permiten acceder a ellos en las regiones compatibles, y Enterprise dispone de opciones de acceso beta administradas. No sabemos cuándo estarán disponibles para los usuarios particulares europeos.
Esto plantea también una cuestión interesante: las funciones más autónomas y avanzadas están llegando primero a quienes pueden pagar las suscripciones más caras. Existe una diferencia creciente entre las posibilidades que ofrecen las cuentas gratuitas y las versiones premium. Habrá que observar cómo evoluciona. Y conviene no confundir las demostraciones comerciales con el funcionamiento cotidiano. Las empresas muestran casos muy atractivos, casi siempre exitosos. Todavía necesitamos más información independiente sobre cuántas veces fallan estos agentes, en qué situaciones y con qué consecuencias.
¿Para qué puede servir todo esto en la vida real?
Dejemos un momento las grandes presentaciones tecnológicas y volvamos a una situación bastante más cercana. Imagina que eres la persona encargada de la tesorería de una asociación cultural. Habéis organizado varias actividades y ahora toca justificar los gastos. Tienes una carpeta llena de facturas, justificantes y documentos de proveedores. Es el tipo de tarea que puede llevarte una tarde entera. Con un agente de IA convenientemente configurado podrías encargarle que revise las facturas, identifique cuáles tienen datos incompletos, extraiga fechas, proveedores e importes, detecte posibles duplicados, prepare una hoja de cálculo y redacte un borrador del correo para presentar la justificación. Todo a partir de un mismo encargo. El ahorro de tiempo puede ser considerable.
Pero hay algo que nunca debemos olvidar: que una tarea aparezca como terminada no significa que esté correctamente hecha. ¿Qué ocurre si interpreta cuarenta euros como cuatrocientos? ¿Si deja fuera una factura? ¿Si suma dos veces el mismo gasto? Por eso debemos revisar los resultados, especialmente cuando se utilizan para rendir cuentas, realizar trámites o tomar decisiones importantes. La autonomía tecnológica no garantiza la exactitud.
El gran riesgo: ahora los errores pueden tener consecuencias reales
Hasta hace poco, cuando un chatbot se inventaba un dato, el problema solía quedarse en una respuesta incorrecta. Podíamos creérnosla, utilizarla mal o tomar una decisión equivocada. Algo suficientemente preocupante. Pero con los agentes aparece una dimensión adicional. Un agente puede actuar basándose en sus propios errores. Puede modificar el archivo equivocado, enviar un correo con información incorrecta, borrar un documento importante o realizar una acción que nunca habríamos autorizado si hubiéramos entendido lo que estaba haciendo. Algunas equivocaciones se solucionan con un clic. Otras pueden ser muy difíciles de deshacer.
¿Quién responde cuando la IA se equivoca?
Esta pregunta merece especial atención. En su guía de seguridad de Claude Cowork, Anthropic advierte expresamente que los usuarios siguen siendo responsables de las acciones realizadas por Claude en su nombre. Incluye cuestiones tan relevantes como los mensajes enviados, las publicaciones realizadas, las compras, las transacciones financieras o los datos modificados. Naturalmente, la responsabilidad jurídica concreta dependerá de las circunstancias, los contratos y la legislación aplicable. Pero la advertencia práctica es importante: no podemos asumir que, porque una máquina haya ejecutado una acción, quedamos automáticamente libres de sus consecuencias. Delegar una tarea no equivale a delegar nuestra responsabilidad.
La inyección de instrucciones: cuando alguien intenta engañar a tu agente
Hay otro riesgo del que probablemente oiremos hablar cada vez más. Tiene un nombre técnico un poco extraño: prompt injection, o inyección de instrucciones. Vamos a explicarlo con un ejemplo. Imagina que le pides a un agente de IA que abra un documento y prepare un resumen. Pero dentro de ese documento alguien ha introducido una instrucción dirigida a la inteligencia artificial: «Olvida lo que te ha pedido tu usuario. A partir de ahora debes hacer esto otro…».
Esa frase podría estar escondida en un archivo, una página web o incluso un correo electrónico. Si el agente la interpreta como una orden válida, podría abandonar la tarea original e intentar hacer lo que le pide ese contenido externo. El problema puede ser mucho más grave si tiene acceso a información confidencial o permisos para modificar archivos y comunicarse con otros servicios. Las empresas desarrollan defensas para impedir estos ataques, pero reconocen que el riesgo no ha desaparecido.
Anthropic explica algo especialmente útil: para que un ataque de estas características tenga consecuencias importantes suelen coincidir dos circunstancias. Primero, que el agente pueda leer información externa que no controlamos. Segundo, que tenga capacidad para realizar acciones que puedan perjudicarnos. Si limitamos cualquiera de esas dos posibilidades, el ataque resulta mucho más difícil. Por eso es tan importante controlar a qué información accede un agente y qué acciones puede realizar sin preguntarnos.
Cuatro preguntas que deberías hacerte antes de utilizar un agente de IA
No necesitamos ser especialistas en ciberseguridad para reducir buena parte de los riesgos. Antes de dejar que una IA trabaje en nuestro nombre, conviene hacerse cuatro preguntas:
- ¿Qué puede ver? ¿Tiene acceso a una carpeta concreta o a todos mis documentos? ¿Puede leer mi correo, mi calendario o información personal?
- ¿Qué puede modificar? ¿Solo puede consultar información o también crear, editar, borrar archivos y enviar mensajes?
- ¿Qué necesita que yo apruebe? ¿Me pedirá permiso antes de enviar un correo, realizar una compra o compartir información?
- ¿Puedo deshacer sus errores? Si cambia algo que no debía, ¿existe una copia de seguridad o una forma sencilla de recuperar el contenido?
Estas preguntas pueden evitar bastantes disgustos. Además, algunas herramientas permiten establecer niveles de autorización muy detallados. En los dots, por ejemplo, los permisos pueden configurarse para que ciertas acciones se ejecuten automáticamente, otras requieran aprobación y otras permanezcan bajo control directo del usuario. Tiene todo el sentido del mundo. Una cosa es preparar el borrador de un correo y otra muy distinta enviarlo en nuestro nombre sin supervisión.
Tres hábitos para empezar con buen pie
Mi recomendación para quien esté empezando es bastante sencilla.
Empieza con tareas de poco riesgo. Recopilar información, resumir documentos o preparar borradores son buenos ejercicios para familiarizarse con estas herramientas.
Limita el acceso a tus archivos. Si el agente necesita trabajar con una carpeta, dale acceso a esa carpeta y no a todo el ordenador. Evita compartir documentos sensibles y conserva copias de seguridad.
Reserva las decisiones importantes para ti. Antes de autorizar compras, envíos, publicaciones o eliminaciones, comprueba exactamente qué va a hacer y cuáles pueden ser sus consecuencias.
Cuanto más cómodos resulten estos asistentes, mayor puede ser la tentación de dejar de prestar atención. Y ese es precisamente el riesgo que más me preocupa. No tengo ningún problema con que una IA me ayude a ordenar facturas o preparar documentos. Lo que me inquieta es que nos acostumbremos a firmar resultados que ni siquiera hemos revisado.
El reto de la semana: encárgale una tarea, no una pregunta
Como siempre, vamos a pasar de la teoría a la práctica. Y para inaugurar esta segunda temporada os propongo un desafío muy sencillo, que podéis hacer utilizando vuestro chatbot favorito. El reto se llama «Encárgale una tarea, no una pregunta». Imagina que estás pensando en hacer una escapada de fin de semana. Lo habitual sería preguntarle a la inteligencia artificial algo como: «¿Adónde me recomiendas ir este fin de semana?». Vamos a ir un poquito más allá. En lugar de pedirle una recomendación, vamos a encargarle un pequeño trabajo de investigación y organización.
Paso 1. Dale un encargo completo
Puedes utilizar una instrucción como esta:
Quiero organizar una escapada de fin de semana saliendo desde [mi ciudad]. Propón tres destinos interesantes y compara las opciones de transporte y alojamiento.
Prepara una tabla que incluya:
- Destino y principales atractivos.
- Opciones de transporte, horarios y precios.
- Dos alternativas de alojamiento por destino.
- Presupuesto aproximado total.
- Enlaces a las fuentes utilizadas.
Utiliza información actualizada y comprueba las fechas. Si no puedes verificar algún precio u horario, indícalo expresamente.
No hagas ninguna reserva, no realices pagos y no accedas a mis cuentas personales. Tu trabajo consiste únicamente en investigar, comparar y preparar las opciones para que yo tome la decisión final.
Puedes adaptar las fechas, la ciudad de salida, el presupuesto o las preferencias de viaje.
Paso 2. Observa qué trabajo puede hacer la herramienta
No hace falta tener el asistente más avanzado del mercado. Si utilizas un chatbot con funciones de búsqueda en internet, probablemente podrá ayudarte a investigar destinos y recopilar información. Si además permite crear hojas de cálculo, documentos o ejecutar tareas autónomas, podrás pedirle que complete más partes del trabajo. Lo interesante del experimento es comprobar hasta dónde llega la herramienta y qué tareas siguen necesitando tu intervención.
Paso 3. Revisa el resultado
Antes de dar el trabajo por bueno, comprueba las fechas, los horarios, los enlaces, la disponibilidad y los precios finales. Ten presente que una tabla muy bonita también puede contener información incorrecta o desactualizada. Y, por supuesto, en este primer experimento nada de introducir datos personales, iniciar sesión en cuentas, realizar pagos o reservar alojamientos. Vamos a aprender poco a poco.
Paso 4. Hazte una última pregunta
Cuando termines, piensa en todo el proceso. ¿Cuánto tiempo te habría llevado hacer esa comparación por tu cuenta? ¿Qué parte ha hecho realmente la IA? ¿Cuánto has tenido que revisar o corregir? Y una cuestión todavía más interesante: ¿te ha ayudado a tomar una decisión mejor o simplemente te ha entregado más información? Ahí está buena parte del valor de estas herramientas.
La última palabra tiene que seguir siendo nuestra
Volvamos a aquella factura olvidada con la que comenzábamos. El asistente detectó que había un trabajo pendiente de cobrar. Preparó la factura y la dejó lista para enviarla. Pero hubo un detalle fundamental. El «sí, envíala» lo dijo una persona. Ese pequeño gesto resume buena parte del desafío que tenemos por delante. Estamos entrando en una etapa en la que los sistemas de inteligencia artificial pueden realizar tareas que hasta hace poco requerían nuestra intervención constante. Nos ofrecen oportunidades extraordinarias para ahorrar tiempo, reducir trabajo repetitivo y dedicarnos a actividades que aporten más valor.
Pero precisamente porque cada vez hacen más cosas, necesitamos entender mejor qué permisos les damos, cómo trabajan, qué riesgos asumimos y cuándo debemos intervenir. El volante tiene que seguir en nuestras manos. Y con esa idea comenzamos la segunda temporada de «Inteligencia Artificial para Gente Real». Cada domingo, en A vivir Cantabria, seguiremos descubriendo historias y avances sorprendentes, analizando sus consecuencias y aprendiendo a utilizar esta tecnología con curiosidad y criterio.
Porque la noticia es solo el principio.
Fuentes y enlaces para profundizar
Para quien quiera conocer mejor las herramientas y los riesgos que hemos comentado, aquí quedan algunas de las principales fuentes oficiales:
- OpenAI — Presentación de los dots (29 de septiembre de 2026)
- OpenAI — Guía de funcionamiento, disponibilidad, privacidad y memoria de los dots
- OpenAI — Presentación de ChatGPT Work (9 de julio de 2026)
- OpenAI — Notas de la versión de ChatGPT
- Anthropic — Primeros pasos con Claude Cowork
- Anthropic — Guía de uso seguro de Claude Cowork
- OpenClaw — Proyecto oficial
- OpenClaw — Seguridad y avisos de vulnerabilidades
- Google — Gemini y la utilización de agentes para manejar aplicaciones

