GPT’s personalizados, un ejemplo de aplicación en el ámbito educativo



Seguimos con el capítulo 12 de “Inteligencia artificial generativa para gente real. Tu brújula para usarla bien”, una serie semanal para la Cadena Ser, en «A vivir Cantabria», junto a Conchi Castañeda. En este duocécimo capítulo conversamos con Enrique González, un docente que está aplicando GPTs personalizados en educación en su academia. Se puede escuchar el programa aquí, a partir del minuto 17:43: https://cadenaser.com/audio/ser_cantabria_avivircantabria_alt37_20260201_130000_140000/

Llevamos ya tiempo hablando de inteligencia artificial en esta sección y, programa a programa, hemos ido sentando las bases: qué son los chatbots, cómo funcionan y qué implicaciones tienen en distintos ámbitos de nuestra vida cotidiana. Hoy quería dar un pequeño giro y bajar todo ese discurso más teórico a la práctica real, al día a día. En concreto, al ámbito educativo, donde los GPT personalizados están empezando a demostrar todo su potencial.

Hace un par de programas expliqué con detalle qué son los GPT personalizados dentro de ChatGPT (o Gems, como se denominan en Gemini) y por qué son tan interesantes frente a los chatbots genéricos. Hoy tocaba enseñar un ejemplo concreto de uso real. Y no uno cualquiera, sino uno que ya se está utilizando para preparar oposiciones, ayudar a docentes y ahorrar tiempo en una de las tareas más complejas y tediosas del sistema educativo: manejar correctamente toda la normativa.

De los chatbots genéricos a los GPT personalizados

A estas alturas todos estamos bastante familiarizados con los chatbots: ChatGPT, Gemini, Claude, DeepSeek, Qwen, Mistral… Son asistentes digitales con los que podemos conversar de forma natural, sin menús ni botones, igual que lo haríamos con una persona. Les preguntamos, les pedimos ayuda y nos responden.

Pero no todos los chatbots son iguales. Los genéricos saben un poco de todo, mientras que los personalizados están diseñados para centrarse en un tema muy concreto. A estos últimos se les da un conjunto de reglas claras: cómo deben escribir, cómo estructurar la información, qué documentos deben usar como referencia y en qué contexto deben moverse siempre.

La comparación es sencilla: no acudimos al mismo profesional para arreglarnos una muela, hacer la declaración de la renta o reparar el coche. Cada tarea necesita un especialista. Pues un GPT personalizado funciona exactamente igual. Puede haber uno para redactar correos formales, otro para preparar presupuestos, otro para organizar viajes, aprender idiomas o incluso sugerir recetas con lo que tenemos en la nevera. Las aplicaciones son prácticamente infinitas.

En el programa anterior vimos un ejemplo claro con el Cazabulos Ambientales, un GPT que preparé para desmontar bulos sobre cuestiones ambientales que aparecen en redes sociales, noticias… o en comidas familiares. Hoy tocaba dar un paso más y centrarnos en educación.

GPT especializados en normativa educativa

El ejemplo práctico viene de la mano de una academia que ya está trabajando con estos sistemas. La idea es sencilla pero muy potente: crear GPT especializados en normativa educativa de Cantabria.

La normativa educativa es compleja y, además, cambia según la etapa. Por eso, en lugar de un único chatbot, se han creado varios: uno específico para educación infantil, otro para primaria, otro para secundaria y un cuarto centrado en atención a la diversidad, equidad educativa y convivencia. Estas últimas son instrucciones que se dan al inicio de curso y afectan a todas las etapas.

Cada GPT está entrenado únicamente con la legislación que le corresponde. No mezcla información irrelevante ni generalista, sino que responde siempre desde ese marco concreto. Esto ya supone una diferencia enorme frente a un chatbot genérico.

El problema de las “alucinaciones” y cómo reducirlas

Uno de los grandes miedos cuando trabajamos con inteligencia artificial es el de las llamadas alucinaciones: respuestas que suenan muy bien pero que no son correctas o directamente se inventan datos.

Aquí la experiencia práctica es clara. Los GPT personalizados tienden a alucinar menos que los genéricos. Tiene sentido: cuanto más acotado es el volumen de información con el que trabajan, menor es la probabilidad de que “rellenen huecos” de forma incorrecta.

Además, hay estrategias muy eficaces para minimizar este riesgo. Por ejemplo, cargar directamente los PDF oficiales con la legislación o, alternativamente, crear archivos tipo Excel donde se enlazan las normas y sus fuentes oficiales. Curiosamente, el rendimiento es muy similar con ambos sistemas.

Pero lo más importante no es solo la documentación, sino las instrucciones. En este caso, se les pide siempre que indiquen en qué ley o decreto se basan para dar cada respuesta. Así, el docente puede ir directamente a la fuente y comprobarlo.

Este enfoque encaja mucho con mi propia forma de trabajar con IA: “dame la respuesta, pero dime exactamente en qué artículo aparece”. Eso ahorra muchísimo tiempo, porque ya no hay que buscar a ciegas entre cientos de páginas. Vas al artículo concreto y verificas. El control sigue siendo humano.

Ahorro de tiempo y mejor uso del esfuerzo docente

Desde el punto de vista del usuario (opositores y docentes) el principal beneficio es claro: el ahorro de tiempo. Consultar manualmente grandes volúmenes de legislación es lento y agotador. Con estos GPT, una pregunta concreta obtiene una respuesta concreta, incluso aunque implique varias leyes o decretos distintos.

Este ahorro se nota especialmente en la elaboración de programaciones didácticas. Antes de empezar el curso, el profesorado tiene que diseñar una programación basada en la normativa, que contemple competencias específicas, saberes básicos, criterios de evaluación y atención a la diversidad. Es un trabajo enorme.

La inteligencia artificial no sustituye al docente, pero sí le ofrece una estructura inicial sólida. Así no se parte de cero. A partir de ahí, el profesor puede adaptar la programación a su propuesta pedagógica y, sobre todo, al grupo concreto de alumnos que tiene delante. Porque no se enseña igual a todos, ni de la misma forma, ni al mismo ritmo.

Aunque solo supusiera un ahorro del 10 % del tiempo, ya sería enorme. Ese tiempo extra puede dedicarse a pensar mejores actividades, a atender a un alumno que lo necesita o a reforzar la parte más humana de la enseñanza.

¿Van a revolucionar la educación?

Aquí conviene ser prudentes. Los GPT personalizados no van a revolucionar por sí solos los métodos de enseñanza y aprendizaje. Esa sigue siendo una tarea profundamente humana. Lo que sí pueden hacer es liberar al profesorado de una parte importante de la carga burocrática y administrativa.

Y eso es, precisamente, lo transformador: permitir que los docentes se centren más en lo que realmente marca la diferencia. Frente a los titulares alarmistas que hablan de que la IA “se va a cargar la educación” o que todo será “copiar y pegar”, la experiencia práctica invita al optimismo.

La tecnología no elimina la educación; bien usada, la refuerza.

Nuevas formas de aprender y evaluar

La IA también abre la puerta a enfoques educativos distintos. Por ejemplo, ya hay docentes que no piden trabajos tradicionales porque saben que un chatbot puede hacerlos casi perfectos. En su lugar, piden al alumnado que documente el diálogo que ha tenido con la IA: qué preguntas ha hecho y qué respuestas ha obtenido.

Lo que se evalúa entonces no es el texto final, sino la calidad de las preguntas. Eso fomenta el pensamiento crítico, algo de lo que siempre hablamos en educación, pero que no siempre sabemos cómo trabajar en la práctica.

Otro enfoque complementario es permitir el uso de herramientas de IA, pero valorar la exposición oral. Así se trabajan competencias comunicativas que históricamente han estado poco desarrolladas en el sistema educativo.

Eso sí, todo esto debe hacerse con cuidado. Delegar completamente nuestra capacidad de pensar en las herramientas puede generar una deuda cognitiva acumulada. La IA debe ser una ayuda, no un sustituto del pensamiento.

Conclusión: teoría y práctica, por fin juntas

Para mí, este ejemplo es especialmente valioso porque aterriza la teoría en la práctica real del día a día. Demuestra que todo lo que llevamos semanas explicando sobre GPT personalizados no es ciencia ficción ni una moda pasajera, sino una herramienta que ya está ayudando a docentes y estudiantes.

La clave no es tener miedo a la tecnología, sino conocerla, estudiarla e integrarla con sentido crítico. En educación, como en tantos otros ámbitos, la inteligencia artificial no viene a reemplazar lo humano, sino a darnos más espacio para ejercerlo mejor.

¡Hasta la semana que viene!


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