Hace unos días tuve la oportunidad de conversar con Pablo Moreno para El Faradio. El resultado fue un artículo que, más allá de reflejar la presentación del libro Cinco ideas para entender la crisis climática, recoge con acierto algunas de las preocupaciones más profundas que me acompañan como educador ambiental.
Una de ellas, quizá la más urgente, es la desinformación. Y no hablo solo de los bulos descarados que circulan en redes o de los titulares tramposos. Hablo también de esa forma más sutil —y peligrosa— de desinformar: cuando se plantea como “debate” lo que ya no lo es. Como si se pudiera confrontar la evidencia científica con opiniones sin fundamento. Como si tuviera el mismo valor decir que la Tierra es redonda que decir que es plana.

Esto lo vemos también en el ámbito climático. El consenso científico es rotundo: la crisis climática existe, está causada por la acción humana y ya está teniendo impactos muy graves. Sin embargo, en demasiados medios y espacios públicos se sigue dando voz a negacionistas o a quienes, sin negar del todo, se dedican a relativizar, a restar urgencia, a sembrar la duda. Son los llamados «retardistas», y su papel es casi tan nocivo como el de los que niegan frontalmente la realidad.
Por eso defiendo la necesidad de comunicar con claridad, de poner los datos al servicio de las personas. Y también de recuperar el valor de la palabra activismo. No deberíamos tener miedo de ser activistas si eso significa comprometernos con una causa justa, con la defensa del planeta y de la vida. Científicos como Fernando Valladares —prologuista del libro— lo han entendido bien. Han dado un paso adelante, incluso asumiendo riesgos personales, para que el conocimiento no quede encerrado en un despacho.
Me preocupa que normalicemos el ruido, que bajemos los brazos ante la confusión interesada. Porque sí, hay intereses muy poderosos en juego. Y si no somos críticos, si no fortalecemos nuestras capacidades como ciudadanía informada, esos intereses seguirán marcando el ritmo del relato, invisibilizando lo que realmente importa.
Pero también creo en la esperanza. En esa esperanza que no es ingenua ni pasiva. Que no espera milagros, sino que se construye. Como decía en la entrevista: hay esperanza porque sabemos por qué está pasando esto. Y si lo sabemos, podemos hacer algo al respecto. Claro que es complejo. Pero hay herramientas, hay ideas, hay caminos. Y hay muchas personas empujando.
Gracias de nuevo a El Faradio por abrir espacio a este tipo de conversaciones. ¿Quieres saber en qué consiste mi libro «Cinco ideas para entender la crisis climática»? Pulsa aquí.
Te adjunto el vídeo de la entrevista completa:
Y también el enlace a la entrevista: https://www.elfaradio.com/2025/05/06/la-desinformacion-campa-a-sus-anchas-y-todos-somos-un-poco-responsables/
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