En el mes de septiembre, durante tres días de formación en formato presencial en Valsaín, 25 personas exploramos cómo utilizar las técnicas de juegos de escape para hablar de sostenibilidad. 20 horas para bajar las ideas al terreno y salir con esquemas de trabajo que permitan a los participantes desarrollar juegos de escape propios en sus entornos de intervención. Impartí esta formación de la oferta del CENEAM junto a mi compañera Begoña.
En el curso destripamos nuestros juegos de escape de creación propia para entender qué puede hacer que funcionen. Vimos formatos distintos: juegos de escape tradicionales videovigilados y microfonados, hall escape que se pueden llevar a distintos lugares, escapes virtuales (p. ej., con Genially o con vídeos en 360º en YouTube…), charla-escape, libro-escape, ruta-escape… En cada caso, bajamos a lo esencial: objetivo didáctico, pequeña historia que lo sostiene, recorrido de juego, tipo de pruebas y forma de cerrar. Trabajamos cuestiones muy prácticas: cómo ajustar la dificultad, evitar bloqueos con pistas escalonadas, cuidar la accesibilidad y la seguridad, y dejar todo listo para que el diseño sea fácil de montar, dinamizar y repetir. La IA nos sirve como apoyo para crear materiales sin partir de cero: cartas de personajes, imágenes coherentes con la estética del juego, pequeños vídeos, locuciones, música…
Trabajamos en equipos pequeños, tirando del hilo de la historia, afinando pruebas y cuidando el ritmo y los tiempos. Ese cruce de miradas es lo que más enriquece: se detectan mejoras al vuelo y las ideas crecen rápido. Al final, cada grupo sale con prototipos sencillos pero sólidos (guion, materiales…) que pueden llevarse tal cual o adaptarse, y que el alumnado puede aplicar en su propio entorno (aula, patio, centro de visitantes o barrio).
Para mí, el CENEAM es casa: un lugar donde las ideas se ponen en marcha y la comunidad crece. Gracias por la invitación y la confianza renovada; es un privilegio volver a compartir, aprender y construir juntos en cada acción formativa.

